Museo Cementerio Presbítero Matías Maestro

Museo Cementerio Presbítero Maestro. Fuente: Andina.
Museo Cementerio Presbítero Maestro. Fuente: Andina.

El Cementerio Presbítero Matías Maestro fue fundado en el año de 1808 y atesora más de dos siglos de historia, consolidándose como el camposanto civil más antiguo de Perú y América Latina. Su evolución, desde la era colonial hasta nuestros días, funciona como un fiel reflejo de las transformaciones sociales, políticas y económicas que han moldeado a la nación.

Contexto sanitario y origen (Inicios del siglo XIX)

Durante el virreinato, la tradición limeña dictaba sepultar a los difuntos en las criptas y galerías subterráneas de templos y conventos, tales como San Francisco y Santo Domingo. No obstante, el crecimiento demográfico provocó el colapso de estos recintos, generando focos de insalubridad en la capital.

Bajo el rigor de la «teoría miasmática» —la creencia científica de la época que atribuía las epidemias a los gases de materia en descomposición—, el ilustre médico Hipólito Unanue y el virrey José Fernando de Abascal impulsaron la creación de una necrópolis civil. El lugar elegido fue el «Pepinal de Ancieta», un terreno agrícola fuera de las murallas de Lima, seleccionado estratégicamente porque las corrientes de viento alejaban los olores del centro urbano.

Diseño, inauguración y resistencia social

La edificación fue encomendada al presbítero, arquitecto y escultor español Matías Maestro, quien proyectó el complejo bajo las directrices de la Ilustración y el neoclasicismo europeo, dotándolo de una rigurosa simetría. El recinto se inauguró oficialmente el 31 de mayo de 1808 bajo el nombre de Cementerio General de Lima.

Para derribar la resistencia popular de la época, que consideraba un riesgo espiritual ser enterrado fuera de suelo sagrado, el Estado ejecutó un acto de gran impacto simbólico: exhumó los restos del arzobispo Juan Domingo González de la Reguera para trasladarlos al nuevo camposanto en una solemne procesión. Finalmente, el primer entierro civil definitivo ocurrió en 1810, con la sepultura de la beata María de la Cruz y de la Luz.

La Era del Guano: El nacimiento del «Bosque de Mármol»

A mediados del siglo XIX, la bonanza económica de la era del guano impulsó una profunda metamorfosis estética en el cementerio. Las élites oligárquicas comenzaron a erigir fastuosos mausoleos con mármol de Carrara importado de Europa, contratando a renombrados escultores italianos y franceses. Esta opulencia le valió los apelativos de la «Roma de Sudamérica» o el «bosque de mármol».

Sin embargo, el espacio también escenificó la marcada estratificación de la sociedad peruana: la aristocracia descansaba en palacetes funerarios y la clase media en nichos perpetuos, mientras que los obreros chinos, esclavizados y sectores vulnerables eran relegados a fosas comunes. Asimismo, se habilitaron áreas segregadas como el «Pabellón de los suicidas», destinado a no católicos, masones y librepensadores.

Hitos del siglo XX: Memoria, vanguardia y patrimonio

  • La Cripta de los Héroes (1908): Monumental mausoleo erigido para honrar el centenario del recinto y rendir tributo nacional tras la Guerra del Pacífico. Alberga los restos de los máximos defensores de la patria, incluidos Miguel Grau, Francisco Bolognesi y Andrés Avelino Cáceres.
  • El baile de Norka Rouskaya (1917): El 5 de noviembre de 1917, el camposanto fue epicentro de un gran escándalo social. La bailarina suizo-italiana Norka Rouskaya, acompañada por el joven intelectual José Carlos Mariátegui y otros artistas de vanguardia, danzó la Marcha fúnebre de Chopin entre las tumbas de madrugada. El acto fue tildado de profanación y concluyó con el arresto de los involucrados.
  • Rebautizo oficial (1923): El Estado renombró el recinto como «Cementerio Presbítero Matías Maestro» en estricto homenaje a su diseñador.

Valor patrimonial y la urgencia de su conservación

En la actualidad, la necrópolis resguarda los restos de 37 expresidentes y figuras capitales de la cultura peruana como Ricardo Palma, Abraham Valdelomar, Manuel González Prada y el propio Mariátegui. También acoge al «niño Ricardito», eje de una ferviente devoción popular.

Reconociendo su valor monumental, fue declarado Patrimonio Histórico de la Nación en 1972 y Museo de Sitio en 1999. Asimismo, en 2021, el Ministerio de Cultura incorporó 320 de sus esculturas al patrimonio cultural de la nación.

A pesar de estos reconocimientos, el cementerio afronta hoy una severa crisis de conservación y seguridad. El complejo es blanco recurrente de mafias dedicadas al expolio de piezas históricas de bronce y mármol del siglo XIX, una problemática visibilizada a inicios de 2024 tras el indignante robo de la célebre estatua «La Doliente».

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