
El Cementerio Divino Maestro se erige como el camposanto de mayor relevancia histórica en la provincia del Santa. Bajo la administración de la Sociedad de Beneficencia de Chimbote, este recinto inició su trayectoria oficial el 20 de agosto de 1956, consolidándose desde entonces como el principal referente para los servicios funerarios y la tradición de las familias chimbotanas.
Aunque sus operaciones formales comenzaron en 1956, sus pabellones fundacionales —como San Marcos, San Agustín y San Pablo— datan de 1955. Este espacio surgió con la misión de sustituir al primer camposanto de la ciudad, conocido popularmente como el panteón «El Progreso» o el «cementerio viejo».
La transición definitiva entre ambos recintos fue marcada por la tragedia. A pesar de los intentos de clausura en 1966, fue el devastador terremoto del 31 de mayo de 1970 el que precipitó el traslado masivo de restos. Tras la destrucción total de «El Progreso», el Divino Maestro expandió su infraestructura para albergar la memoria de la ciudad.
Personajes Ilustres
El recinto no solo es un lugar de descanso, sino un repositorio de la identidad local. Entre las personalidades y sucesos que definen su legado, destacan:
- Manuel Rivera Sánchez, el «Chino Rivera»: Emblemático futbolista chimbotano que descansa en el pabellón «Flor de la Paz». Su legado es tal que el Estadio Centenario de la ciudad fue bautizado en su honor.
- La «Tía Sara» (o «Tía Sarandonga»): Célebre luchadora social recordada por su presencia inquebrantable en las huelgas de Siderperú, pescadores y gremios magisteriales, donde defendió con fervor los derechos laborales.
- Angélica Mendoza Beltrán: Fallecida originalmente en 1930 y trasladada desde el antiguo cementerio. Su tumba ostenta hoy el título del nicho más antiguo que custodia el recinto.
- Víctimas de la Tragedia de Cóndor Cerro: Un espacio solemne rinde tributo a los trabajadores fallecidos el 2 de enero de 1951 tras una explosión accidental durante la rehabilitación de la vía férrea. Sus restos, trasladados en tren hacia Chimbote, permanecen como testimonio del sacrificio obrero en la región.